Había gente en masa
(70.000) bajo una lluvia torrencial. Por el camino, las escenas del mes pasado,
mas numerosas y conmovedoras.
Ni el barro de los caminos
impedía a la gente arrodillarse en actitud humilde y suplicante.
Llegando a Cova de Iría,
junto a la encina, pedí al pueblo que cerrasen los paraguas para rezar el
Rosario. Poco después vimos el reflejo de luz y en seguida a la Virgen sobre la encina.
-¿Qué es lo que usted
quiere?
-"Quiero decirte que
hagan aquí una capilla en honor mío, que soy la Señora del Rosario, quecontinúen
rezando el Rosario todos los días. La guerra esta acabándose y los soldados
pronto volverán a sus casas."
-¿Curará a los enfermos?
-"Unos si y otros no;
es preciso que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados.
Y tomando aspecto mas
triste dijo: -"Que no se ofenda mas a Dios Nuestro Señor, que ya es muy
ofendido."
Y abriendo sus
manos las hizo reflejar en el sol y, en cuanto se elevaba, continuaba el brillo
de su propia luz proyectándose en el sol.
Y exclamé que todos
mirasen al sol. Se da entonces el milagro del sol, prometido tres meses antes,
como prueba de la verdad de las apariciones de Fátima. La lluvia cesa y el sol
por tres veces gira sobre si mismo, lanzando a todos los lados fajas de luz de
variados colores. Parece a cierta altura desprenderse del firmamento y caer
sobre la muchedumbre. Todos están atónitos. Los periodistas de los periódicos
seculares que habían acudido incrédulos a desprestigiar los apariciones, tomaron
fotos y dieron testimonio de aquel milagro en la prensa.
Al cabo de 10 minutos de
prodigio el sol toma su estado normal.
Los tres niños eran
favorecidos con otras visiones: Vimos al lado del sol a S. José con el Niño y a
Nuestra Señora de los Dolores. El Niño Jesús parecía bendecir al mundo de la
misma forma que S. José. Después se disipo esta visión y aparece Nuestra Señora
del Carmen.