terça-feira, 6 de março de 2012

La Concelebración Eucarística. Del Símbolo a la Realidad



Intervención del cardenal Cañizares en la Universidad de la Santa Cruz de Roma


El cardenal Antonio Cañizares intervino en la presentación del libro de monseñor Guillaume Derville La concelebración eucarística. Del símbolo a la realidad, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, este lunes 5 de marzo. Ofrecemos la intervención del cardenal Cañizares.

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“Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo, a ellos solos aparte, a un monte alto y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron deslumbrantes y muy blancos; tanto, que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos. Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Pedro, tomando la palabra, le dice a Jesús: -Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mc 9, 2-5).

Ayer, segundo domingo de Cuaresma, la liturgia proclamaba las palabras que acabo de leer. Palabras que pienso pueden servir de marco, de introducción, en esta presentación del libro de monseñor Guillaume Derville, publicado por Palabra, La concelebración eucarística. Del símbolo a la realidad [La concélébration eucharistique. Du symbole à la réalité, publicado por Wilson & Lafleur en su colección Gratianus].

Al evocar el relato de la transfiguración brotan espontáneas en nuestra mente las palabras: gloria, fulgor, belleza. Son expresiones que se aplican directamente a la liturgia. Como recuerda Benedicto XVI la liturgia está intrínsecamente vinculada con la belleza. De hecho “La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual”1.

La expresión “Misterio pascual” sintetiza el núcleo esencial del proceso de la Redención, es el culmen de la obra de Jesús. A su vez, la liturgia tiene como contenido propio esta “obra” de Jesús, porque en ella se actualiza la obra de nuestra Redención. De ahí que la liturgia, como parte del Misterio pascual, sea “expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra. El memorial del sacrificio redentor lleva en sí mismo los rasgos de aquel resplandor de Jesús del cual nos han dado testimonio Pedro, Santiago y Juan cuando el Maestro, de camino hacia Jerusalén, quiso transfigurarse ante ellos (cf. Mc 9,2). La belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza”2.

Querría fijarme precisamente en las últimas palabras del texto apenas citado pues, en mi opinión, introducen un tema delicado que es, al mismo tiempo, el centro del estudio de monseñor Derville. Leámoslas de nuevo: “la belleza, por tanto, no es un elemento decorativo de la acción litúrgica; es más bien un elemento constitutivo, ya que es un atributo de Dios mismo y de su revelación. Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza”.

Es decir, la liturgia, y dentro de ella la concelebración, será bella cuando sea verdadera y auténtica, cuando en ella resplandezca su propia naturaleza. En esta línea se sitúa el interrogante planteado por el Romano Pontífice ante las grandes concelebraciones: “Para mí –dice el papa– queda un problema, porque la comunión concreta en la celebración es fundamental; por eso, creo que de ese modo aún no se ha encontrado realmente la respuesta definitiva. También en el Sínodo pasado suscité esta pregunta, pero no encontró respuesta. También hice que se planteara otra pregunta sobre la concelebración multitudinaria, porque si por ejemplo concelebran mil sacerdotes, no se sabe si se mantiene aún la estructura querida por el Señor”3.

Se trata efectivamente de mantener “la estructura querida por el Señor”, porque la liturgia es un don de Dios. No es algo fabricado por nosotros los hombres. No está a nuestra disposición. De hecho, “con el mandato «Haced esto en conmemoración mía» (cf. Lc 22,19; 1 Co 11,25), nos pide corresponder a su don y representarlo sacramentalmente. Por tanto, el Señor expresa con estas palabras, por decirlo así, la esperanza de que su Iglesia, nacida de su sacrificio, acoja este don, desarrollando bajo la guía del Espíritu Santo la forma litúrgica del Sacramento”4.

Por este motivo, “debemos aprender a comprender la estructura de la liturgia y por qué está articulada así. La liturgia se ha desarrollado a lo largo de dos milenios e incluso después de la reforma no es algo elaborado sólo por algunos liturgistas. Sigue siendo una continuación de un desarrollo permanente de la adoración y del anuncio. Así, para poder sintonizar bien con ella, es muy importante comprender esta estructura desarrollada a lo largo del tiempo y entrar con nuestra mens en la vox de la Iglesia”5.

El completo estudio de monseñor Derville se coloca en esta dirección. Nos ayuda a ponernos a la escucha del Concilio Vaticano II cuyos textos, según las palabras del beato Juan Pablo II, “no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia”6.

El Concilio efectivamente decidió ampliar la facultad de concelebrar en base a dos principios: esta forma de celebración de la Santa Misa manifiesta adecuadamente la unidad del sacerdocio y a la vez, se ha practicado hasta ahora en la Iglesia tanto en Oriente como Occidente7. De ahí que la concelebración, como apunta también Sacrosanctum Concilium, se encontraría entre aquellos ritos que convenía restablecer “de acuerdo con la primitiva norma de los santos padres”8.

En este sentido, cobra su importancia sumergirse, siquiera brevemente, en la historia de la concelebración. La panorámica histórica que nos ofrece monseñor Derville, si bien como él modestamente señala, es un breve resumen, nos basta para dejar ver zonas de sombra, que manifiestan la ausencia de datos definitivos sobre la celebración eucarística en los primeros tiempos de la Iglesia. Al mismo tiempo, y sin dejarse llevar por un ingenuo “arqueologismo”, aporta suficientes elementos para poder afirmar que la concelebración, según la genuina tradición de la Iglesia, sea oriental que occidental, es un rito extraordinario, solemne y público, ordinariamente presidido por el obispo o por su delegado, rodeado por su presbyterium y por toda la comunidad de los fieles. Por otro lado, la concelebración cotidiana, en uso entre los orientales, en la que concelebran únicamente presbíteros, así como la concelebración, por así decir “privada” en sustitución de las Misas celebradas individualmente o more privato, no se encuentran en la tradición litúrgica latina.

Por otra parte, en mi opinión el autor acierta plenamente cuando se detiene en las razones de fondo que menciona el Concilio para la extensión de la concelebración. Una ampliación de la facultad de concelebrar, que debía ser moderada como se descubre leyendo los textos conciliares. Y es lógico que así fuera pues la concelebración no tiene por cometido resolver problemas logísticos o de organización, sino por el contrario hacer presente el Misterio pascual manifestando la unidad del sacerdocio que nace de la Eucaristía. La belleza de la concelebración, como decíamos al principio, implica su celebración en verdad. Y así, su fuerza significativa depende de que se vivan y respeten las exigencias que la misma concelebración conlleva.

Cuando el número de concelebrantes es demasiado elevado un aspecto esencial de la concelebración queda velado. La casi imposibilidad de sincronizar las palabras y los gestos que no están reservados al celebrante principal, el alejamiento del altar y de las ofrendas, la falta de ornamentos para algunos concelebrantes, la ausencia de armonía de colores y formas, todo eso puede oscurecer la manifestación de la unidad del sacerdocio. Y no podemos olvidar que es precisamente esa manifestación la que justificó la ampliación de la facultad de concelebrar.

En el lejano 1965, el cardenal Lercaro, presidente del Consilium ad exsequendam Constitutionem de sacra liturgia, dirigía una carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, alertando sobre este peligro: considerar la concelebración como un modo de superar dificultades prácticas. Y recordaba cómo podía ser oportuno promoverla en el caso de que favoreciese la piedad de fieles y sacerdotes9.

Es este el último aspecto que querría afrontar muy brevemente. Como afirma Benedicto XVI: “recomiendo a los sacerdotes la celebración diaria de la santa Misa, aun cuando no hubiera participación de fieles. Esta recomendación está en consonancia ante todo con el valor objetivamente infinito de cada celebración eucarística; y, además, está motivado por su singular eficacia espiritual, porque si la santa Misa se vive con atención y con fe, es formativa en el sentido más profundo de la palabra, pues promueve la configuración con Cristo y consolida al sacerdote en su vocación”10.

Para cada sacerdote, la celebración de la santa Misa es la razón de su existencia. Es, tiene que ser, un encuentro personalísimo con el Señor y con su obra redentora. A la vez, cada sacerdote , en la celebración eucarística, es Cristo mismo presente en la Iglesia como Cabeza de su cuerpo11 y actúa también, en nombre de toda la Iglesia, “cuando presenta la oración de la Iglesia y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico”12. Ante la maravilla del don eucarístico, que transforma y configura con Cristo, sólo cabe una actitud de estupor, de gratitud y de obediencia.

El autor nos ayuda a captar con una mayor profundidad y claridad esta realidad admirable. Y a la vez, con la lectura de este libro nos recuerda y nos mueve a tener en cuenta que junto a la concelebración, se encuentra la posibilidad de la celebración individual o la participación en la Eucaristía como sacerdote, pero sin concelebrar. Se trata, en cada circunstancia, de entrar en la liturgia, de buscar la opción que permita entablar más fácilmente el diálogo con el Señor, respetando la estructura de la liturgia misma. Encontramos aquí los límites de un derecho a concelebrar o no, que respeta también el derecho de los fieles en participar en una liturgia donde el ars celebrandi hace posible su actuosa participatio. Tocamos por lo tanto puntos que han de ver con lo que es justo o no. El autor de hecho hace también referencia al Código de Derecho Canónico.

No me queda más que agradecer a monseñor Derville y a las editoriales Palabra y Wilson & Lafleur el libro que hoy tengo el gusto de presentar. Pienso que su lectura ofrece un ejemplo de la justa hermenéutica del Concilio Vaticano II. “Se trata de leer los cambios indicados por el Concilio dentro de la unidad que caracteriza el desarrollo histórico del rito mismo, sin introducir rupturas artificiosas”13. Y constituye una ayuda y estímulo de cara al cometido que el santo Padre ha recordado recientemente a la Congregación que presido: “se dedique principalmente a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia, según la renovación querida por el Concilio Vaticano II a partir de la Constitución Sacrosanctum Concilium”14. Además estoy seguro que este libro contribuirá a hacer posible, que el Año de la fe, “sea una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía”15.

Antonio Card. Cañizares Llovera
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


NOTAS

1 BENEDICTO XVI, Ex. apost. post. Sacramentum caritatis, n. 3

2 Idem.

3 BENEDICTO XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Roma, 7-II-2008.

4 BENEDICTO XVI, Ex. apost. post. Sacramentum caritatis, n. 11.

5 BENEDICTO XVI, Encuentro con los sacerdotes de la diócesis de Albano, 31-VIII-2006.

6 JUAN PABLO II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 57.

7 Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 57.

8 CONCILIO VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 50.

9 Notitiae 1 (1965) 257-264.

10 BENEDICTO XVI, Ex. apost. post. Sacramentum caritatis, n. 80.

11 Cfr. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 1548.

12 CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 1552.

13 BENEDICTO XVI, Ex. apost. post. Sacramentum caritatis, n. 3.

14 BENEDICTO XVI, Motu proprio Quaerit semper, 30-VIII-2011.

15 BENEDICTO XVI, Motu proprio Porta fide, n. 9.


Fuente: Zenit

sábado, 4 de fevereiro de 2012

Tempo da Septuagésima

O Tempo da Septuagésima: compreende aproximadamente setenta dias de preparação à Páscoa, é uma preparação distante, dita que a Quaresma representa a espera da Ressurreição do Senhor. Já não se permite o canto do Glória e do Alelluia (substituído pelo Tracto). Sua cor litúrgica é o roxo. Não se permite a ornamentação dos altares com flores.
A reforma litúrgica do Concílio Vaticano II suprimiu o tempo de Septuagésima e integrou-o no tempo comum que se segue à Epifania.

quinta-feira, 2 de fevereiro de 2012

Cardeal Koch: Se a crise da Igreja é acima de tudo na Liturgia, comece-se por renová-la

O restabelecimento da antiga missa latina [forma extraordinária do Rito Romano] é apenas “um primeiro passo”, de acordo com o Cardeal Kurt Koch, um oficial da Cúria Romana. Contudo, o tempo ainda não está maduro para os próximos passos, disse Koch no fim de semana em Friburgo. As questões litúrgicas estão obscurecidas por ideologias, especialmente na Alemanha [NdT: não só por lá, como bem sabemos nesta Terra de Santa Cruz]. Roma só poderá agir quando os católicos demonstrarem-se mais dispostos a pensar na nova reforma litúrgica “para o bem da Igreja”. O Cardeal discursou numa conferência sobre a teologia de Joseph Ratzinger, a qual também considerou o pontificado de Ratzinger como Papa Bento XVI. Em julho de 2007 o Papa Bento decretou que a Missa no Rito Tridentino, de acordo com o missal de 1962, pode ser novamente celebrada no mundo todo. O Missal de 1970 é ainda, entretanto, a “forma ordinária” da Celebração Eucarística na Igreja Romana. Koch é o presidente do Conselho Pontifício para a Promoção da Unidade dos Cristãos. Ele tentou refutar a acusação de que Bento XVI está indo contra o Concílio Vaticano II (1962-65), em suas questões litúrgicas: “o Papa sofre com esta acusação”. Muito pelo contrário, a intenção do Santo Padre é antes implementar os ensinamentos conciliares sobre a liturgia, ignorados até agora. As práticas litúrgicas atuais nem sempre tem algum fundamento real no Concílio. Por exemplo, a celebração versus populum nunca foi exigida pelo Concílio, disse o Cardeal. Um maior desenvolvimento na forma de culto divino é necessário para a renovação interior da Igreja: “Uma vez que a crise atual da Igreja é acima de tudo uma crise da liturgia, é necessário que se comece a renovar a Igreja hoje por meio da renovação da Liturgia".
 
Original em alemão: Rádio Vaticana

Tradução do alemão para o inglês: New Liturgical Movement

Tradução do inglês para o português: Salvem a Liturgia

terça-feira, 31 de janeiro de 2012

São João Bosco, Confessor, rogai por nós!


No decorrer do século XIX, quando por toda a parte, chegavam à maturação os venenosos frutos de destruição da sociedade cristã, cujos germes haviam sido tão largamente disseminados pelo século anterior, a Igreja, principalmente na Itália, viu-se à mercê de muitas procelas contra si levantadas, nesses tristes tempos, pela maldade dos homens. Contemporaneamente, porém, a misericórdia divina enviou, para auxílio de sua Igreja, válidos campeões, para que evitassem a ruína e conservassem entre o nosso povo a mais preciosa das heranças recebidas dos Apóstolos – a fé genuína de Cristo.
De fato, no meio das dificuldades daqueles tempos, surgiram entre nós, homens de ilibadíssima santidade e, mercê de sua prodigiosa atividade, nenhum assalto dos inimigos, logrou desmantelar as muralhas de Israel.
Sobressai entre os demais, por elevação e espírito de grandeza de obras, o Bem-Aventurado João Bosco que, no tristíssimo evoluir dos tempos se constituiu, durante o século passado, qual marco miliário apontando aos povos o caminho da salvação. Porquanto, “Deus o suscitou para justiça”, segundo a expressão de Isaías, e “dirigiu todos os seus passos”. E, na verdade, o Bem-aventurado João Bosco, por virtude do Espírito Santo, resplandeceu diante de nós como modelo de sacerdote feito segundo o coração de Deus, como educador inigualável da juventude, como fundador de novas famílias religiosas e como propagador da fé.
De humilde condição, nasceu João Bosco numa casa campestre, perto de “Castelnuovo d’Asti”, de Francisco e Margarida Occhiena, pobres mas virtuosos cristãos, aos 16 de agosto de 1815. Tendo perdido o pai na tenra idade de dois anos, cresceu na piedade sob a sábia e santa guia materna. Desde menino, resplandeceu nele uma índole excelente, a que andavam unidas grande agudeza de engenho e tenacidade de memória, aprendendo num instante quanto lhe era ensinado pelos mestres, primando sempre, sem contestação, nas classes, pela rapidez no aprender e facilidade de intuição.
Depois de alguns anos de áspera e laboriosa pobreza, que lhe rebusteceu a fibra, preparando-o para as mais árduas provas, com o consentimento da mãe e recomendação do bem-aventurado José Cafasso (*), entrou para o seminário de Chieri, onde, por espaço de seis anos, se dedicou com ótimo aproveitamento, aos estudos. Recebeu, finalmente, a ordenação sacerdotal, em Turim, aos 05 de junho de 1841. Poucos meses após, admitido ao Colégio Eclesiástico de São Francisco de Assis, sob a direção do bem-aventurado José Cafasso, exercitou com grande vantagem das almas, o ministério sacerdoral nos hospitais, nos cárceres, no confessionário e na pregação da palavra de Deus.
Formado assim neste exercício prático do sagrado ministério, sentiu acender-se, mais viva do que nunca em seu espírito, a peculiar vocação alimentada por inspiração divina desde sua adolescência, qual a de atender e dirigir para o bom caminho a juventude, particularmente a abandonada. Sua perspicácia havia já intuído, de quanta utilidade devesse ser este meio para preservar a sociedade da ruína a que estava ameaçada e, para a atuação de tal desígnio, dirigiu os esforços de seu nobre coração com tão felizes resultados que, entre os educadores cristãos contemporâneos, figura ele indubitavelmente, em primeiro lugar.
O próprio nome “Oratório”, dado à sua instituição, faz-nos ver sobre quão firme base tenha construído todo o edifício, isto é, sobre a doutrina e piedade cristã, sem a que baldada se torna, qualquer tentativa de arrancar às paixões viciosas o coração dos jovens e endereça-lo para ideais mais nobres. Nisto, porém, usava ele tanta doçura que os jovens quase que, espontaneamente, sorviam e amavam a piedade, não já constrangidos, mas por verdadeira convicção, e uma vez ganho seu afeto, levá-los-ia sem dificuldade para o bem.
A fim de perpetuar a existência de sua obra e prover assim mais eficazmente a educação juvenil, animado pelo Bem-aventurado José Cafasso e pelo Papa Pio IX, de santa memória, fundou a “Pia Sociedade de São Francisco de Sales” e, algum tempo depois, o “Instituto das Filhas de Maria Auxiliadora”.
Hoje as duas famílias formam um conjunto de quase vinte mil membros, espalhados por todo o mundo em cerca de mil e quinhentas Casas. Milhares e milhares de crianças de ambos os sexos recebem sua formação literária e profissional. Seus Filhos e Filhas também se encarregam , generosamente, da assistência aos enfermos e aos leprosos e, alguns deles, contraindo este terrível morbo, sucumbiram vítimas de sua caridade. Dignos filhos de tão grande Pai!
Nem deve passar desapercebida a instituição dos Cooperadores, isto é, uma associação de fiéis, em sua maioria leigos que, animados do mesmo espírito da Sociedade Salesiana e como essa dispostos a qualquer obra de caridade, tem por escopo prestar, segundo as circunstâncias, válido auxílio aos párocos, aos bispos e ao mesmo Sumo Pontífice. Primeiro e notável ensaio de “”Ação católica!”
A Associação foi aprovada por Pio IX e, em vida ainda do bem-aventurado Jão Bosco, alcançou a cifra de oitenta mil sócios.
Mas, o zelo das almas que lhe ardia no peito, não se limitou tão somente ao círculo das nações católicas; alargando o horizonte de sua caridade, enviou os missionários de sua família religiosa à conquista dos gentios para Cristo.
Aos primeiros que, chefiados por João Cagliero, de santa e gloriosa memória, se dedicaram à evangelização das extremas terras da América Meridional, surgiram muitos e muitos outros salesianos que espalhados agora aqui e ali pelo mundo, levam intrepidamente o cristianismo aos povos infiéis.
Quantas e quão grandes coisas tenha ele feito e padecido pela Igreja e pela tutela dos direitos do romano Pontífice, seria difícil dizer-se. Pode-se aplicar, portanto, ao bem-aventurado João Bosco, as palavras que temos de Salomão: Deus lhe deu sapiência e prudência extremamente grande, e magnitude imensurável como a areia que está na praia do mar. (3 Re, 4, 29). Deu-lhe Deus sapiência, pois que, renunciando a todas as coisas terrenas, aspirou unicamente promover a glória de Deus e a salvação das almas. Era seu mote: “Dai-me as almas e ficai-vos com o resto”.
Cultivou em grau supremo a humildade; tornou-se insigne no espírito de oração, tendo a mente sempre unida a Deus, se bem que parecesse continuamente distraída por uma multidão de afazeres.
Nutria extraordinária devoção para com Maria Santíssima Auxiliadora, e experimentou inefável alegria quando pode edificar em sua honra, na cidade de Turim, o célebre templo, do alto de cuja cúpula campeia a Virgem Auxiliadora, Mãe e Rainha, sobre toda a casa de Valdoco.
Morreu santamente no Senhor, em Turim, aos 31 de janeiro de 1888. Crescendo, dia a dia, sua fama de santidade, foram, pela Autoridade Ordinária, instaurados os processos; a causa da beatificação foi introduzida por Pio X, de santa memória, em 1907. A Beatificação foi depois solenemente celebrada na Basílica Vaticana, com regozijo de toda a Igreja, no dia 2 de junho de 1929.
Reencetada a Causa no ano seguinte, foram feitos os processos sobre duas curas que pareciam devessem ser atribuídas a milagre divino. Pelo decreto de 19 de novembro deste ano, foram aprovados os dois milagres operados por Deus e atribuídos à intercessão do Bem-aventurado.
Desfeita a última dúvida, isto é, se em vista da aprovação dos dois milagres, depois que a Santa Sé concedera culto público ao Bem-aventurado, se poderia proceder com segurança à sua solene Canonização. Esta dúvida foi proposta ao Eminentíssimo Cardeal Alexandre Verde, Ponente ou Relator da Causa, na Congregação geral da S.C. dos Ritos, realizada em presença do Santo Padre no dia 28 de novembro. Todos os eminentíssimos Cardeais presentes, Oficiais, Prelados e Padres Consultores deram parecer unânime e afirmativo, parecer que o Santo Padre jubilosamente aceitou, deferindo, todavia, o seu juízo para o dia 3 de dezembro, primeiro domingo do advento. Portanto, o Santo Padre, em 3 de dezembro de 1933, dia também consagrado a São Francisco Xavier, padroeiro da Obra da Propagação da fé, fez a solene declaração neste sentido. A canonização teve lugar a 1 de abril de 1934, no dia da Ressurreição, último Ano Santo da Redenção, na presença de toda a Corte Pontifical, no meio de um esplendor extraordinário, diante de perto de 300.000 pessoas.
(*) São José Cafasso – canonizado em 1947 pelo Papa Pio XII. (Consta no texto como “bem-aventurado” porque o decreto pontifício é anterior à sua canonização.)

sábado, 28 de janeiro de 2012

Splendore della Liturgia a Concesa











Solemnità della S. María Madre di Dio, Santa Messa Pontificale (novus Ordo e versus Deum) con Orchesta (Missa Sacra - op. 147 R. Schumann), celebrata da Mons. Antonio G. Filipazzi, Nunzio Apostolico in Indonesia e intronizzazione della immagine della Madonna di Fatima - Concesa, Santuario della Divina Maternità, 1 gennaio 2012.





Vigilia della Solennità della s. Maria Madre di Dio, Adorazione Eucaristica, Bendizione, Te Deum, Consacrazione del Genere Umano al S. Cuore e canto del Veni Creator - Concesa, Santuario della Divina Maternità.








Natale, Messa di mezzanotte, Novus ordo, Versus Deum, Concesa, Santuario de la Divina Maternità, 24 diciembre 2011.

Immagini delle celebrazioni di Natale al Convento dei PP Carmelitani scalzi di Concesa di Trezzo sull'Adda, Milano, Santuario della Divina Maternità.

I Carmelitani, esempio per l' Ordine e la Chiesa, celebrano la Liturgia Novus Ordo, ammirabilmente, seguendo l'ermeneutica della continuità, del Santo Padre. Si celebra la Forma Extraordinaria ogni settimana e in alcune occasioni Solenni.

quinta-feira, 26 de janeiro de 2012

A liturgia fonte de vida, de oração e de catequese (CIC 1071-1075)

Rubrica de teologia aos cuidados do padre Mauro Gagliardi

Os números 1071-1075 do Catecismo da Igreja Católica (CIC) falam da sagrada liturgia como fonte de vida, e da sua relação com a oração e a catequese. A liturgia é fonte de vida, principalmente porque é "obra de Cristo" (CIC, 1071). Segundo, porque "é também uma ação da sua Igreja" (ibid.). Mas entre esses dois aspectos, qual é o mais importante? E, também, o que significa neste contexto a palavra "vida"?

Responde o Concílio Vaticano II: "Da Liturgia, pois, em especial da Eucaristia, corre sobre nós, como de sua fonte, a graça, e por meio dela conseguem os homens com total eficácia a santificação em Cristo e a glorificação de Deus, a que se ordenam, como a seu fim, todas as outras obras da Igreja."(Sacrosanctum Concilium [SC], 10). Compreende-se assim que, quando se diz que a liturgia é fonte de vida, se quer dizer que dela jorra a graça. Com isso, já se respondeu à primeira pergunta: a liturgia é fonte de vida principalmente porque é obra de Cristo, Autor da graça.

Um princípio clássico do catolicismo, no entanto, diz que a graça não tira a natureza, mas a supõe e a aperfeiçoa (cf. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, 1, 8 ad 2, etc.).Por isso, também o homem coopera com o culto litúrgico, que é ação sacerdotal do "Cristo todo inteiro", ou seja da Cabeça, que é Jesus, e dos membros, que são os batizados. Assim, a liturgia é fonte de vida também enquanto ação da Igreja. Justo em quanto obra de Cristo e da Igreja, a liturgia é "ação sagrada por excelência" (SC 7), doa aos fiéis a vida de Cristo e requer a sua participação consciente, ativa e frutuosa (cf. SC, 11). Aqui se compreende também a ligação da sagrada liturgia com a vida de fé: podemos dizer “da Vida à vida”. A graça que nos é dada por Cristo na liturgia exige uma participação vital: "A Sagrada liturgia não esgota toda a ação da Igreja" (SC, 9), na verdade, " Deve ser precedida pela evangelização, pela fé e pela conversão, e só então pode produzir os seus frutos na vida dos fiéis "(CIC, 1072).

Não é por acaso que, no momento de recolher os escritos litúrgicos de J. Ratzinger em um único volume, intitulado Teologia da Liturgia, se pensou expressar uma das intuições fundamentais do autor acrescentando o subtítulo: A fundação sacramental da existência cristã. É uma tradução em termos teológicos do que Jesus disse no Evangelho com as palavras: "Sem mim, nada podeis fazer" (Jo 15.5). Na liturgia nós recebemos o dom daquela vida divina de Cristo, sem a qual não podemos fazer nada de válido para a salvação. Assim, a vida do cristão não é senão uma continuação, ou o fruto da graça que é recebida no culto divino, especialmente na Eucaristia.

Em segundo lugar, a liturgia tem uma relação estreita com a oração. Mais uma vez, o foco de entendimento dessa relação é o Senhor: " A liturgia é também participação na oração de Cristo, dirigida ao Pai no Espírito Santo. Nela, toda a oração cristã encontra a sua fonte e o seu termo" (CIC, 1073). A liturgia é, portanto, também, uma fonte de oração. A partir dela, aprendemos a rezar no modo correto. Uma vez que a liturgia é a oração sacerdotal de Jesus, o que podemos aprender dela para a nossa oração pessoal? Em que consistia a oração do Senhor? "Para compreender a Jesus são fundamentais as referências recorrentes ao fato de que ele se retirava “à montanha" e lá orava por noites inteiras, “sozinho" com o Pai. [...] Esta "oração" de Jesus é a conversa do Filho com o Pai em que estão envolvidos a consciência e a vontade humanas, a alma humana de Jesus, de modo que a "oração" do homem possa tornar-se participação na comunhão do Filho com o Pai" (J. Ratzinger/Benedetto XVI, Gesù di Nazaret, I, Rizzoli, Milano 2007, pp. 27-28 [tradução nossa]). Em Jesus, a oração "pessoal" não é distinta da sua oração sacerdotal: de acordo com a Carta aos Hebreus, a oração que Jesus suportou durante a Paixão "constitui a atuação do sumo sacerdócio de Jesus. Precisamente no seu grito, choro e oração Jesus faz o que é próprio do sumo sacerdote: Ele eleva ao alto o trabalho do ser humano junto à Deus. Leva o homem diante de Deus” (ibid., II, LEV, Città del Vaticano 2010, p. 184).

Em uma palavra, a oração de Jesus é uma oração de colóquio, uma oração dirigida na presença de Deus. Jesus nos ensina este tipo de oração: "É necessário ter sempre viva esta relação e reconduzir-vos continuamente aos acontecimentos cotidianos. Vamos rezar mais e melhor quanto mais nas profundezas da nossa alma haja a orientação em direção a Deus "(ibid., I, p. 159). A liturgia, portanto, nos ensina a orar porque nos reorienta constantemente a Deus: "Corações ao alto – O nosso coração está em Deus”. A oração é estar dirigido ao Senhor – e isto é também o sentido profundo da participação ativa na liturgia.

Finalmente, a oração é "lugar privilegiado da catequese [...] em quanto procede do visível para o invisível" (CIC, 1074-1075). Isto implica que os textos, os sinais, os ritos, os gestos, e os elementos ornamentais da liturgia devem ser tais, que transmitam realmente o Mistério que significam e que possam assim serem utilmente explicados dentro da catequese mistagógica.

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* Don Mauro Gagliardi é Professor titular no Pontifício Athenaeum "Regina Apostolorum", Professor encarregado na Università Europea di Roma, consultor do Departamento das Celebrações Litúrgicas do Sumo Pontífice e da Congregação para o Culto Divino e a Disciplina dos Sacramentos.

Fonte: Zenit

quinta-feira, 29 de dezembro de 2011

O Rito de Vestição Pontifical no Oriente e Ocidente


Vestição dos Paramentos para o Rito Bizantino
(Igreja Otodoxa Russa)


Vestição dos Paramentos para o Rito Romano
- Forma Extraordinária
 

domingo, 11 de dezembro de 2011

Bênção da Pedra Fundamental da Capela do Seminário da Imaculada Conceição



Dia 8 de dezembro, Festa da Imaculada Conceição, Dom Fernando Arêas Rifan, Bispo da Administração Apostólica São João Maria Vianney, abençoou a pedra fundamental da Capela do Seminário da Imaculada Conceição da Administração Apostólica. Logo após celebrou nela a Primeira Santa Missa.



Veja mais aqui.

quarta-feira, 30 de novembro de 2011

Santo André, Apóstolo, rogai por nós!


O bem-aventurado André orava dizendo: Senhor, Rei de eterna glória, recebei-me nos braços desta cruz

domingo, 27 de novembro de 2011

ALMA REDEMPTORIS MATER



Alma Redemptoris Mater, quae pervia caeli Porta manes, et stella maris, succurre cadenti, Surgere qui curat, populo: tu quae genuisti, Natura mirante, tuum sanctum Genitorem Virgo prius ac posterius, Gabrielis ab ore Sumens illud Ave, peccatorum miserere.




sábado, 26 de novembro de 2011

O Advento




Reflictamos brevemente sobre o significado desta palavra, que pode traduzir-se com "presença", "chegada" e "vinda". Na linguagem do mundo antigo, era um termo técnico utilizado para indicar a chegada de um funcionário, a visita do rei ou do imperador a uma província. No entanto, podia indicar também a vinda da divindade, que sai do seu escondimento para se manifestar com poder, ou que é celebrada presente no culto. Os cristãos adoptaram a palavra "advento" para expressar a sua relação com Jesus Cristo: Jesus é o Rei, que entrou nesta pobre "província" denominada terra para visitar todos; na festa do seu advento faz participar quantos nele crêem, aqueles que acreditam na sua presença na assembleia litúrgica. Substancialmente, com a palavra adventus desejava-se dizer: Deus está aqui, não se retirou do mundo, não nos deixou sozinhos. Embora não O possamos ver nem tocar, como acontece com as realidades sensíveis, Ele está aqui e vem visitar-nos de múltiplos modos.

Portanto, o significado da expressão "advento" inclui também o de visitatio que, simples e propriamente, quer dizer "visita"; neste caso, trata-se de uma visita de Deus: Ele entra na minha vida e quer dirigir-se a mim. Na existência quotidiana, todos nós vivemos a experiência de ter pouco tempo para o Senhor e pouco tempo também para nós. Terminamos por ser absorvidos pelo "fazer". Não é porventura verdade que com frequência é precisamente a actividade que nos possui, a sociedade com os seus múltiplos interesses que monopoliza a nossa atenção? Não é talvez verdade que dedicamos muito tempo à diversão e a distracções de vários tipos? Às vezes, a realidade "arrebata-nos". O Advento, este tempo litúrgico forte que estamos a começar, convida-nos a reflectir silenciosamente para compreender uma presença. Trata-se de um convite a compreender que cada um dos acontecimentos do dia é um sinal que Deus nos faz, um vestígio da atenção que Ele tem por cada um de nós. Quantas vezes Deus nos faz sentir algo do seu amor! Manter, por assim dizer, um "diário interior" deste amor seria uma tarefa bonita e saudável para a nossa vida! O Advento convida-nos e estimula-nos a contemplar o Senhor que está presente. Não deveria porventura a certeza da sua presença ajudar-nos a ver o mundo com olhos diferentes? Não deveria acaso ajudar-nos a considerar toda a nossa existência como uma "visita", um modo como Ele pode vir ter connosco e estar ao nosso lado em cada situação?

Outro elemento fundamental do Advento é a espera, expectativa que é ao mesmo tempo esperança. O Advento leva-nos a compreender o sentido do tempo e da história como "kairós", como ocasião favorável para a nossa salvação. Jesus explicou esta realidade misteriosa mediante muitas parábolas: na narração dos servos convidados a esperar o retorno do dono; na parábola das virgens que esperam o esposo; ou naquelas da sementeira e da colheita. Na sua vida, o homem está constantemente à espera: quando é menino, deseja crescer; quando é adulto, tende para a realização e o sucesso; na idade avançada, aspira ao merecido descanso. Mas chega a hora em que ele descobre que esperou demasiado pouco se, para além da profissão ou da posição social, nada mais lhe resta para esperar. A esperança marca o caminho da humanidade, mas para os cristãos ela é animada por uma certeza: o Senhor está presente no fluxo da nossa vida, acompanha-nos, e um dia enxugará também as nossas lágrimas. Um dia, não distante, tudo encontrará o seu cumprimento no Reino de Deus, Reino de justiça e de paz.

Bento XVI

Disponível em: Vatican.va

segunda-feira, 14 de novembro de 2011

Missa Solene em Frederico Westphalen: entrega do título de Monsenhor ao Cônego Leonir A. Fainello

 Neste domingo, 13, uma solene Missa estacional foi celebrada na catedral Santo Antonio em Frederico Westphalen. O Rvmo Monsenhor Leonir Agostinho Fainello recebeu oficialmente das mãos de Dom Antonio o título de Monsenhor Capelão de Sua Santidade. Dom Antonio aproveitou a solenidade para usar a nova casula romana, que ganhou de presente de aniversário de posse. Além disso um detalhe a ser observado: as luvas pontificais. Apesar de permitido, os bispos não as usam mais. Dom Antonio se serviu da ocasião para pô-las em uso. Vejam algumas  fotos abaixo:













quinta-feira, 15 de setembro de 2011

SETE DORES DE NOSSA SENHORA

Estava a Mãe dolorosa

Ao pé da Cruz lacrimosa

E o filho pendente dela.

Dura espada lhe rasgava

A alma pura, e lha ensopava

Com dor, tristeza e gemidos.



Oh! quão triste, quão aflita foi a donzela bendita,

Mãe do Unigênito Filho.


Dor e angústia a possuía, E todo trêmula via

As penas do ínclito Filho.



Que homem ali, não chorava,

Se a Mãe do Cristo observara

Padecendo tal suplício!



Que peito não se partira,

Quando a Mãe piedosa vira

Com seu Filho suspirando!



Porque o povo delinquiu,

Jesus em tormentos viu

Sofrendo cruéis flagelos.



Viu o Filho seu amado,

Morrendo desamparado,

Lançar o espírito extremo.



Eia, Mãe, fonte de amores,

Fazei que estas fortes dores

Eu sinta e convosco chore.



Fazei que a alma se inflame

Porque a Cristo-Deus só ame,

E só busque o seu agrado.



Santa Mãe, isto Vos peço,

Fique o peito bem impresso

Das chagas do Crucifixo.



De Vosso Filho chagado,

O que por mim se há dignado

Sofrer,reparti comigo.



Fazei-me, enquanto viver,

Com meu Jesus condoer,

Convosco chorardes veras.



Junto à Cruz conVosco estar,

Vosso pranto acompanhar

Unicamente desejo.



Virgem das Virgens preclara,

Não sejais comigo avara,

Fazei-me chorar conVosco.



Fazei que eu seja consorte

Das chagas, Paixão e morte

De Cristo,e que em mim se vejam.



Fazei-me delas chagado,

Desta Cruz embriegado,

Por amor do doce Filho.



Porque a chama não me queime,

Doce virgem defendei-me

No derradeiro juízo.



Ao sair do corpo esta alma,

Dai-me da vitória a palma

Por vossa Mãe, ó Jesus.



Quando a morte me levar,

Fazei que alma vá gozar

A glória do Paraíso.Amém.

sábado, 10 de setembro de 2011

El problema de la música litúrgica: fruto de un retraso cultural en la Iglesia


Presentamos un artículo del profesor Aurelio Porfiri, director de coro y experto en música litúrgica, en el cual analiza con gran lucidez las causas profundas de algunas actitudes frente a la música litúrgica en la Iglesia católica.
***
Desde hace mucho tiempo vengo reflexionando sobre algunas tendencias que se han verificado en las últimas décadas en el ámbito de la Iglesia católica, con atención del todo particular a la música litúrgica. He leído mucho sobre este tema y también he escrito mucho. Ahora me doy cuenta de haber sido víctima de una suerte de impaciencia, una sensación que crece cada vez más en mí y provoca a veces que leer y escribir me resulte más difícil. ¿Por qué ocurre esto? Quiero dar un ejemplo que, espero, ayudará a aclarar mi punto de vista. Hay muchas personas que sufren de depresión; algunas de estas, en consecuencia, no comen o comen poco. A veces quienes están cerca de estas personas dicen cosas de este estilo: debes comer más… o cosas similares. Ahora bien, es cierto que no comer es un problema pero es todavía más cierto que la raíz del problema de aquellas personas no está en el comer sino en otro lado: el no comer es una consecuencia.

A veces me parece que ocurre lo mismo con la música litúrgica: se combate a golpes de artículos de la Sacrosanctum Concilium, pero yo creo que estos artículos son bien conocidos por las diversas facciones; el problema está en otra parte. Ciertamente es necesario conocer estos artículos y estar bien informados sobre ellos, son una ley que informa la acción litúrgica; pero ¿vosotros diríais que los muchachos que salen a robar lo hacen porque no conocen la ley? Ciertamente saben que robar es delito, pero hay todo un conjunto de influencias que provocan que se comporten de ese modo.

Tomemos el discurso de la forma. Ciertamente ésta es una cuestión muy candente: en la tradición de la música litúrgica se privilegian composiciones con una coherencia formal extremadamente cuidada, con cánones bien precisos y verificables. A menudo en el bullicio de la música litúrgica de las últimas décadas tenemos, en cambio, composiciones con una forma frecuentemente aproximativa y simplificada, como si ésta no jugase un rol en la eficacia de las mismas composiciones. Se opone forma y contenido: aún si la forma es aproximativa, lo que importa es el contenido. Estoy leyendo con interés un libro que ha hecho discutir mucho, “La herejía de lo informe” del escritor alemán Martin Mosebach. Ahora no quiero entrar en el mérito del libro, lo que me gusta y lo que no me gusta. Pero hay un pasaje que es interesante citar:

“La filosofía, un vicio alemán, introdujo en los cerebros, incluso los más modestos, la idea de una diferencia entre forma y contenido. Según esta doctrina, los contenidos y las formas pueden ser separados los unos de los otros: lo que define como contenido, la abstracción, el núcleo teórico, constituye para ella la realidad verdadera; los cuerpos, en los cuales corre la sangre, las estructuras accesibles a los sentidos, son por el contrario pura forma, estructuras indistintas intercambiables; quien se interesa por esta forma, queda en lo periférico, en lo accidental – quien, en cambio, a través de la forma, llega hasta las abstracciones eternas alcanza la luz de la verdad. Las formas se han convertido aquí casi en algo indeterminado y, a veces, incluso algo peor; algo no verdadero, ellas son algo falso. Quien toma en serio la forma, se expone al peligro de perderse igualmente en la mentira. Él es el esteta. Él busca la verdad en los lugares equivocados, es decir, en la esfera de la evidencia sensible, y la busca con instrumentos prohibidos, es decir, con sus sentidos, con su gusto, su experiencia y su razón. De esta revuelta intelectual contra la evidencia de las cosas, ha nacido la disposición fundamental de nuestro tiempo: una desconfianza, de la que está llena toda la opinión pública, contra todo tipo de belleza y de perfección” (pp. 113-114).

Y luego el autor continúa explicando cómo esta tendencia se ha impuesto en el arte, influenciando también a la Iglesia católica en el ámbito de la liturgia. He reflexionado mucho sobre esta interesante observación del escritor alemán: no hay duda de que él retrata una situación que se verifica en el tiempo. Pero luego comencé a reflexionar también acerca de si esta tendencia en nuestra sociedad, así como es hoy, puede ser definida sólo de este modo. En este punto comencé a tener algunas dudas. En efecto, me puse a reflexionar sobre algunos ámbitos de la sociedad que son extremadamente populares, como moda, informática y deporte, por ejemplo. ¿Es precisamente cierto que aquí la forma no es considerada como importante? En la moda se mira a la perfección estética a veces en detrimento de la practicidad del vestido. ¿Y en la informática? La Apple ha hecho su fortuna precisamente por la elegancia del diseño y ha impuesto un estilo que tiene relevancia mundial. ¿En el deporte? Si se mira cómo los campeones son de inmediato empleados como símbolo de elegancia y usados para promover productos de todo tipo, especialmente si ellos son físicamente atrayentes. En resumen, ¿es cierto que hay un eclipse de la forma? A veces hay más un eclipse del contenido.

Por lo tanto, esta tendencia denunciada por el escritor alemán debería tal vez ser mejor especificada o inscrita más en un cierto comportamiento profundamente arraigado en la Iglesia católica. Creo que el problema es que a veces la Iglesia católica recurre a modas ya pasadas, como ya fue descrito por importantes intelectuales católicos. La idea de que la espontaneidad es más eficaz que la profesionalidad podía tener un atractivo en un período en que se exaltaba la liberación de los vínculos con la autoridad. ¿Pero hoy? En efecto, éste es el problema. Todavía hoy este viento proveniente de los años sesenta continúa soplando porque alguna ventana ha sido dejada abierta, como sucede en algunas casas abandonadas.

¿Pero por qué ha podido suceder algo así en la Iglesia católica? Yo pienso que hay varias razones. Una es que, en el fondo, a gran parte del clero no le importa la calidad de la música litúrgica en las celebraciones. Esto no porque sean malos, sino porque no son ya formados en apreciar la calidad. En el pasado había una intensa vida también musical en los seminarios, hoy es casi el desierto. Mi impresión, confirmada por más de veinte años de vida musical litúrgica, es que en el fondo no hay interés real en el clero por la música litúrgica, salvo pocas excepciones. Todo está bien, porque no se percibe la diferencia. Y a veces hay oposición a la música hecha de cierto modo no porque estén en contra sino porque no tienen instrumentos para valorarla.

Por lo tanto, se sigue paralizados en esta suerte de mentalidad de los años sesenta, mientras el mundo sigue hacia delante: espontaneidad, espíritu juvenil, antiautoritarismo… ¿por qué la Iglesia sigue aún aferrada a esto? Una razón la he dado anteriormente. Luego, creo que el concilio Vaticano II ha sido, para bien o para mal, una suerte de evento dirimente (y como nos es enseñado por el Papa Benedicto XVI con la hermenéutica de la continuidad, tal vez no debía ser precisamente así). Ciertos escollos, también culturales e históricos, como las revueltas de los años sesenta que entraron también en el ámbito católico, no han sido superadas con todo su bagaje. Luego hay un fenómeno aparentemente contrario: el del clericalismo que también bloquea un efectivo cambio. Si todo es gestionado siempre por el clero y el clero en general no tiene ya formación musical… las consecuencias son fáciles de entender. He aquí el problema con la forma, que no deriva (como espero haber demostrado) de una tendencia social sino de un retraso cultural que está precisamente en el desarrollo reciente de la Iglesia católica y del que todos nos esperamos vernos pronto liberados.

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Fuente: Zenit (edición en lengua italiana)

quinta-feira, 8 de setembro de 2011

Natividade da Santíssima Virgem


HUGO DE SÃO VICTOR
SERMO IV
DA NATIVIDADE DA VIRGEM MARIA
Sermones Centum

"Ave, Estrela do Mar".

Irmãos caríssimos, o mundo presente é um mar. À semelhança do mar, ele fede, incha, é falso e instável. Fede pela luxúria, incha pelo orgulho, é instável pela curiosidade. Faz-se necessário, pois, irmãos caríssimos, possuir um navio e as coisas que pertencem ao navio se quisermos atravessar sem perigo um mar tão perigoso. Importa que tenhamos um navio, um mastro, uma vela e duas traves entre as quais se estende a vela, uma trave superior e uma trave inferior, assim como um sinalizador ao alto pelo qual possamos avaliar a direção do vento. Devemos possuir cordas, remos, leme, âncora e a comida que nos for necessária. Tenhamos também uma rede, com a qual possamos pescar algum peixe. Vejamos, porém, o que todas estas coisas significam.

O navio significa a fé, que em Abraão teve início como em sua primeira tábua. Com Isaac e Jacó o navio aumentou consideravelmente. Depois deles o navio passou a crescer com a propagação das dez tribos. Quanto maior o número dos que criam, tanto mais se dilatava o navio da fé. Mais ainda se dilatou em seguida, após a passagem do Mar Vermelho, recebendo os filhos de Israel a Lei de Deus e multiplicando-se na terra prometida. Vindo depois Cristo e padecendo pelo gênero humano, ouviu-se em toda a terra o som da pregação apostólica, e este navio muito se dilatou com a multidão dos povos que nele entravam. No tempo do Anti Cristo, esfriando-se a caridade de muitos, excluir-se-ão os falsos fiéis e o navio será acabado na sua parte superior e mais estreita. E assim como em Adão foi colocada na proa a primeira tábua da fé, assim o último justo será na popa a sua última tábua.

Certamente todos aqueles que, desde o início, atravessaram proveitosamente o mar do tempo presente, todos aqueles que escaparam de seus perigos, todos os que alcançaram o porto da salvação, todos eles navegaram no navio da fé, e foi por ele que realizaram a travessia.
Pela fé Abel ofereceu a Deus uma hóstia mais agradável do que Caim, pela qual obteve o testemunho de sua justiça e pela qual, já falecido, ainda falava. Pela fé Henoc agradou a Deus, e foi transladado. Pela fé Noé construíu uma arca para a salvação de sua casa. Pela fé, ao ser chamado, Abraão obedeceu dirigir-se ao lugar que lhe haveria de ser dado. Pela fé Sara, a estéril, recebeu a capacidade de conceber. Pela fé Isaac abençoou cada um de seus filhos. Pela fé José, ao morrer, lembrou-se do retorno dos filhos de Israel à terra prometido, e lhes ordenou para lá transportarem os seus ossos. Pela fé Moisés foi escondido ao nascer. Pela fé negou ser filho da filha do Faraó. Pela fé celebrou a Páscoa. Pela fé os filhos de Israel atravessaram o Mar Vermelho. Pela fé se derrubaram os muros de Jericó. E que mais ainda direi? O dia não será suficiente para falar dos santos da antiguidade que pela fé venceram reinos, operaram a justiça, alcançaram as promessas. Destes alguns fecharam as bocas dos leões, como Daniel. Outros extingüiram o ímpeto do fogo, como os três jovens; outros convalesceram de sua enfermidade, como Jó e Ezequias; tornaram-se fortes na guerra, como Josué e Judas Macabeu; por meio de Elias e Eliseu algumas mulheres receberam de volta seus falecidos que ressuscitaram. Outros foram cortados, não aceitando serem livrados da morte temporal em troca da transgressão da Lei, como os sete irmãos cujo martírio lemos no Segundo Livro dos Macabeus. Outros foram apedrejados como Jeremias no Egito e Ezequiel na Babilônia; foram cortados, como Isaías; mortos pela espada, como Urias e Josias, ou andaram errantes, como Elias e outros eremitas (Heb. 11, 4-38). E todos estes, e muitos outros, atravessaram pela fé os perigos do mundo presente, e foram encontrados provados pelo testemunho da fé.

As tábuas deste navio são as sentenças das Sagradas Escrituras, e para sua fabricação algumas destas tábuas nos são trazidas pelo Velho Testamento e outras pelo Novo. Os pregos, pelos quais se unem estas tábuas, isto é, pelos quais se unem estas sentenças, são os escritos dos santos, pelos quais são colocadas em concordância as coisas contidas em ambos os testamentos. Estas tábuas são cortadas pelo estudo e aplainadas pela meditação.

O mastro, que se dirige para o alto, significa a esperança, pela qual nos erguemos à busca e ao conhecimento das coisas celestes, conforme está escrito:

"Buscai as coisas do alto, não vos interesseis pelas terrenas, pensai nas coisas do alto, onde Cristo está sentado à direita de Deus Pai".
Col. 3, 1-3

A vela é a caridade, que se estende para a frente, para a direita e para a esquerda. Estende-se para a frente pelo desejo das coisas futuras; para a direita pelo amor dos amigos, para a esquerda pelo amor dos inimigos. As duas traves superior e inferior significam a rezão e a sensualidade; a superior é a razão, e a inferior é a sensualidade. A caridade deve firmar-se superiormente pela razão, na qual deve permanecer imovelmente presa; inferiormente, porém, deve ficar presa mas movendo-se, pois por ela deve exercitar-se na boa obra. É assim que é feito no navio material, porque a trave superior não se move, mas sim a trave inferior.

O sinalizador superior do vento significa o discernimento dos espíritos. Para isto o sinalizador, ou o que quer que o substitua, é colocado sobre o mastro, para que através dele se distinga o vento ou a direção de onde ele sopra. Deste sinalizador, isto é, do discernimento dos espíritos, foi escrito:

"Examinai os espíritos, para ver se são de Deus".
I Jo. 4, 1

E também:

"A outro é dado o discernimento dos espíritos".
I Cor. 12, 10

As cordas são as virtudes, a humildade, a paciência, a compaixão, a modéstia, a castidade, a continência, a constância, a mansidão, a bondade, a prudência, a fortaleza, a justiça, a temperança. Estas cordas, isto é, as virtudes, devem pelo seu exercício ser sempre estendidas para que por elas possa firmar-se o mastro da nossa esperança. De fato, não há mastro da esperança que possa manter-se firme se estiver ausente o exercício das virtudes.
Seguem-se os remos, que saem do navio e mergulham nas águas, os quais significam as boas obras, que procedem da fé e se estendem às águas, isto é, aos próximos. As águas são os povos, que tem suas origens pelo nascimento, fluem pela mortalidade, e refluem pela morte. Devemos, porém, ter estes remos não apenas à direita, para que não façamos o bem apenas àqueles que nos fazem o bem, mas também à esquerda, para que façamos o bem àqueles que nos fazem o mal, conforme está escrito:

"Fazei bem aos que vos odeiam".
Mt. 5, 44

E também:

"Se o teu inimigo tem fome, dá-lhe de comer; se tem sede, dá-lhe de beber".
Rom. 12, 20

O leme, pelo qual se dirige o navio, significa o discernimento pelo qual somos conduzidos em frente, de modo que não nos dissipemos à direita pela prosperidade, nem sucumbamos à esquerda pela adversidade. A nossa âncora é a humildade, que é lançada para baixo e pela qual nosso navio se estabiliza, para que não ocorra que, soprando o vento das sugestões diabólicas e agitando- se o mar de nossos pensamentos nosso navio se rompa e afunde nas profundezas. O navio de nossa fé deve, portanto, tornar-se firme e estável pela humildade, para que no tempo da tentação embora não possa se entregar a um livre curso, possa permanecer firme em seu lugar.

Devemos ter nosso alimento pelo estudo das Escrituras. Os maus não apetecem este manjar, conforme está escrito:

"Sua alma aborrecia todo alimento, e chegaram às portas da morte".
Salmo 106, 18

Ele é dado aos bons, conforme está escrito:

"Enviou a sua palavra para curá-los, para livrá-los da ruína".
Salmo 106, 20

A rede significa a pregação. Devemos utilizá-la sem cessar, para poder com ela pescar os homens submersos nas ondas do mundo presente e, retirando-lhes as escamas dos pecados, prepará-los para Nosso Senhor Jesus Cristo. Devemos também, conforme o costume dos marinheiros, cantar as canções do mar pela modulação do louvor divino, conforme nos diz o Salmista:

"Bendirei o Senhor em todo o tempo, o seu louvor estará sempre na minha boca".
Salmo 33, 1

Depois de tudo isto, porém, ainda será necessário para nós a ação do vento, que significa a inspiração do Espírito Santo, para que por ela nos dirijamos ao porto da tranqüilidade, ao médico da salvação, à terra prometida, à casa da eternidade. O Senhor nos dará o vento pela inspiração de seu Espírito, conforme está escrito:

"Toda dádiva excelente e todo dom perfeito vem do alto e desce do Pai das luzes".
Tiago 1, 17

As luzes são os dons; o Pai das luzes é o autor, o doador e o distribuidor destes dons. O dom perfeito significa os dons da graça. Ele, que nos deu os demais bens, seja os que nos vem pela natureza, seja os que nos são dados pela graça, nos dará também o vento favorável, isto é, o Espírito Santo.

Para que, porém, irmãos caríssimos, possamos atravessar este mar com proveito, saudemos freqüentissimamente a Estrela do Mar, isto é, a bem aventurada Maria, e invoquemo-la saudando-a dizendo:

"Ave, Estrela do Mar".

Segundo o costume dos marinheiros, ergamos sempre nossas preces à bem aventurada Maria, assim como ao seu Filho. Seja ela para nós uma mãe espiritual, por meio de Jesus, fruto de seu ventre, o qual, nascido dela e por nós entregue, é Deus, e reina feliz, pela vastidão dos séculos que hão de vir.
Amén.

Retirado de: São Pio V

terça-feira, 12 de julho de 2011

Los Privilegios litúrgicos de España

 

La Iglesia española tiene una serie de tradiciones propias al celebrar la Santa Misa. En algunos casos se trata de privilegios concedidos por los Papas al clero de España (Bulas Ad hoc Nos Deus de San Pío V de 16-12-1570; y Pastoralis officii de Gregorio XIII de 30-12-1623), y en otros, de tradiciones inveteradas. Salvo manifiesta contradicción, estas tradiciones pueden usarte también con el Novus Ordo; de hecho algunas siguen presentes en diversas parroquias y otras, aunque ya en desuso, continuaron durante los años posteriores al Misal de Pablo VI. Algunas de estas tradiciones se han conservado en territorios en otro tiempo pertenecientes a la Corona española (Sudamérica, Filipinas, etc).

Presbítero asistente. El presbítero asistente, con capa pluvial, era de rigor en la primera Misa de un nuevo sacerdote; por lo demás es un privilegio prelaticio, que comparten por gracia especial los provinciales franciscanos y carmelitas (así como el canon, la palmatoria y el tronetto). Sin embargo, en España, hay un uso antiquísimo que permite que cualquier sacerdote pueda ser ayudado por un presbítero asistente en toda Misa solemne; este uso se confirmó por un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos al Obispo de Urgel en 1883. Evidentemente el presbítero asistente, como su nombre indica, debe ser un sacerdote.

Asperges por otro sacerdote que no sea el celebrante. En Misas solemnes o cantadas celebradas por un sacerdote constituido en dignidad, otro con sobrepelliz y estola acompañado por dos acólitos puede hacer la aspersión antes de la misa mayor dominical.

El cáliz preparado. El cáliz puede estar preparado de antemano sobre el altar para las misas rezadas, ya extendido sobre los corporales, el misal abierto y registrado. Pueden ponerse el vino y el agua inmediatamente antes de iniciar la misa. De hecho así se hace en el rito dominicano.

El portapaz. Con él se da la paz en las misas sin ministros sagrados. El acolito lo toma con un velo de seda blanca, se arrodilla junto al sacerdote y este besa el altar y luego el portapaz diciendo “Pax Tecum”. El acolito responde “Et Cum Spiritu Tuo” y lleva el portapaz al clero y al pueblo, de este al menos los mas importantes o los primeros de cada banco diciendo “Pax Tecum” y dándolo a besar. Si hay altas autoridades presentes siempre era cortesía llevarles la paz. Incluso en el Novus Ordo puede utilizarse el portapaz para llevar la paz a las autoridades.

Confiteor. Añadir en el Confiteor el nombre del titular del altar o iglesia; por ejemplo: “...beato Ioanni Baptistae, sanctis apostolis Petro et Paulo, beato Joseph, omnibus sanctis et vobis fratres... etc”. (Evidentemente este privilegio no es practicable en el Novus Ordo, al haberse suprimido el nombre de los Santos en el Confiteor).

Turiferario que no sea diácono. Un acolito puede incensar al coro y a los ministros en la Misa solemne. Naturalmente, el diácono es quien inciensa al celebrante.

Evangelio desde el pulpito. Al igual que la epístola, de cara al pueblo, en el ambón. En muchas de nuestras catedrales e iglesias principales se ven aun esos hermosos pulpitos a ambos lados del presbiterio o del coro, a menudo con un tercer pulpito que es el propio del sermón.

La Colecta “Et Famulos tuos”. Se añadía siempre (salvo las misas de requiem) por única conclusion, ya sea a la colecta solamente, ya a la secreta y a la postcomunion; incluso en Roma se decía en el colegio español y en la Iglesia de Montserrat. Era privilegio para España concedido por San Pío V y por Benedicto XIII, y confirmado por decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de 13 de julio de 1675. En ella se rezaba por el Papa, el Obispo, el Rey, familiares, pueblo y ejército.

La hijuela o palia redonda con una presilla o botoncito es uso exclusivo de España. Se cubre con ella la hostia en la patena hasta el ofertorio. Su origen puede ser el siguiente: la palia cuadrada en España era de reducidas dimensiones, a menudo sin acartonar, y se colocaba dentro del corporal doblado, de manera que al desplegarlo quedaba en el cuadrante medio derecho. Nunca salía la palia del corporal, sin duda por respeto, al haber estado en contacto con el Sangüis que tras la sunción podría haber quedado en el borde de la copa del cáliz. Siendo impensable cubrir la hostia directamente con el velo del cáliz, se ideó la hijuela para protegerla hasta el ofertorio. Es curioso que los términos hijuela y palia se usan, según las regiones, para referirse ya a la una ya a la otra, lo que causa confusión al leer algunos manuales de ceremonias antiguos. Las hijuelas las hay acartonadas y sin acartonar.

La cucharilla se usa en España, y en algunos países sudamericanos. Rara vez en Italia y en algunos lugares en Alemania e Inglaterra. Contempla su uso un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos.

Doble corporal. Lo mencionan autores del XIX, y en Zaragoza se estuvo usando hasta los años sesenta. Se trata simplemente de la practica de desplegar no uno sino dos corporales, el "verdadero" de lino sencillo y otro un poco mayor muy almidonado con bordados y profusión de encajes.

Las palmas de las manos vueltas hacia el altar. cuando el sacerdote extiende las manos puede tener las palmas “ad altare versas”.

La palmatoria es la versión hispana del tercer cirio o cirio del Sanctus (en México la llaman tercerilla) del que habla el misal. Incluso en el de Juan XXIII hay una referencia a ese uso permitiendo que continúe. En Inglaterra hay un cirio en la credencia, en Italia hay a veces un candelero adosado a la pared cerca de la credencia, o cerca del altar, o incluso adosado a la grada del lado de la epístola. Solo entre los españoles se usa el cirio con palmatoria, que estrictamente es un privilegio prelaticio, aunque nosotros lo hemos extendido a todos los sacerdotes. La palmatoria se enciende en la credencia tras sonar el Sanctus y se coloca sobre la mesa del altar del lado de la epístola, paralela al corporal y no muy lejos de el; se lleva para la comunión acompañando al Santísimo, a menos que haya ceroferarios; si hay dos acólitos, el de la izquierda lleva la palmatoria; si uno, con la derecha sostiene la patena de comunión y con la izquierda coge el mango de la palmatoria, colocando el extremo sobre el ángulo del brazo derecho. Los prelados usan palmatoria toda la misa, al lado del misal.

Lavabo con aguamanil es también de uso prelaticio, pero extendido en España a todos los sacerdotes. En todos los demás países se usa la vinajera del agua y un platillo de cristal sencillo.

Ornamentos blancos y celestes de la Inmaculada, sobre los que hubo pleito y Roma ordenó que se utilizasen mientras durasen, éstos y sus similares. Solución salomónica. Parece que este uso se originó en torno a la polémica inmaculista de 1617. El Papa Pío VII Chiaramonti por Breve de 28-11-1817 otorgó privilegio para usar el celeste en la octava de la Inmaculada en la Catedral de Sevilla, y el 19-09-1879 la Sagrada Congregación de Ritos lo amplió a todo el Arzobispado, siempre que se celebrara misa de la Inmaculada, concediéndose después a todas las Iglesias que lo solicitasen a Roma (decreto 4083).

El bonete español. De cuatro picos y diferente a los birretes que usan los sacerdotes del resto del mundo, pero con idéntico uso litúrgico. Al modelo español se le llama indistintamente “bonete” o “birrete”. Al extranjero, solo birrete.

Cíngulo fajinado. Ya obsoleto, es una faja con dos caídas terminadas en borlas, que lleva el celebrante como cíngulo. La faja es del mismo tejido que los ornamentos, o esta bordada ricamente. Para ajustarla según la circunferencia del celebrante tiene unas cintas que se atan por detrás. Las caídas son una a la izquierda y otra a la derecha, de manera que queden simétricas con el cuerpo Se ha usado en España, en México, etc.

Uso de las dalmáticas por los acólitos. Según información rescatada por el historiador don Ramón de la Campa, en el Archivo de la Catedral de Sevilla, que hoy se encuentra depositado junto al General del Arzobispado de Sevilla en el Palacio Arzobispal, se encuentran todos los litigios que hubo entre el Cabildo Catedral y el Arzobispo Jaime de Palafox y Cardona (1684-1701), el "hombre de los mil pleitos". El pretendió abolir todos los usos particulares y privilegios de la seo hispalense: precedencia del deán sobre el provisor eclesiástico, danzas de los seises, uso de ornamentos blancos y celestes para la Inmaculada..., y el uso de dalmáticas por los ministros menores. Todos los pleitos fueron a Roma, el que nos interesa, entre otros, a la SCR. Fue largo, y no sabemos como acabó, lo que sí es cierto que la costumbre se perpetuó. Se pidió parecer a muchas catedrales de España, y todas respondían afirmativamente, al uso de dalmáticas por ministros legos o clérigos no ordenados, como propia de nuestra nación. Una de las soluciones sugeridas es que fueran ornamentos no bendecidos, pero esto no satisfizo.

Hay grabados de los viajeros del XIX que incluyen a los ceroferarios y turiferario con dalmáticas. Incluso hay testimonios de que en el seminario de Sevilla había antiguamente dalmáticas de todos los colores para cuando el seminario asistía solemnemente a la catedral. En el trabajo “Un ejemplo de patronazgo nobiliario en la Catedral de Sevilla: la Capilla de la Concepción Grande y Don Gonzalo Núñez de Sepúlveda" (El comportamiento de las Catedrales españolas. Del Barroco a los Historicismos, Murcia 2003, pp. 425 ss.), al narrar el inventario de la dotación del ajuar y fiesta de la Inmaculada de 1656 cita un terno completo de brocado blanco de oro matizado en azul celeste, un frontal grande para el altar mayor, once frontales donde se ponen las reliquias, un paño de púlpito, una manga de cruz, etc., siete dalmáticas de raso azul y blanco con sus cenefas de brocatel para los ceroferarios y turiferarios, con sus albas de ruán y faldones de dicho raso, cíngulos, cordones de seda blanca y azul.

Obtenido de: Una Voce Málaga
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