Tu es Petrus (Perosi)
sexta-feira, 13 de janeiro de 2012
quarta-feira, 11 de janeiro de 2012
Música Papal (III)
Postado por
Caio Vinícius
Euntes in Mundum
Obs: O vídeo começa com a entrega do barrete cardinalício ao grande maestro e cardeal Bartolucci
terça-feira, 10 de janeiro de 2012
segunda-feira, 9 de janeiro de 2012
Música Papal (I)
Postado por
Caio Vinícius
Marcha das trombetas de prata(Giovanni Longhi) e o Tu es Petrus(Palestrina)
Iniciaremos uma sequência de postagens com publicações de vídeos sobre a música litúrgica ocidental, principalmente as cantadas pelo coral da Capela Sistina.
Os vídeos são do canal, do youtube, Papal Music.
sábado, 10 de setembro de 2011
El problema de la música litúrgica: fruto de un retraso cultural en la Iglesia
Postado por
Caio Vinícius
Presentamos un artículo del profesor Aurelio Porfiri, director de coro y experto en música litúrgica, en el cual analiza con gran lucidez las causas profundas de algunas actitudes frente a la música litúrgica en la Iglesia católica.
***
Desde hace mucho tiempo vengo reflexionando sobre algunas tendencias que se han verificado en las últimas décadas en el ámbito de la Iglesia católica, con atención del todo particular a la música litúrgica. He leído mucho sobre este tema y también he escrito mucho. Ahora me doy cuenta de haber sido víctima de una suerte de impaciencia, una sensación que crece cada vez más en mí y provoca a veces que leer y escribir me resulte más difícil. ¿Por qué ocurre esto? Quiero dar un ejemplo que, espero, ayudará a aclarar mi punto de vista. Hay muchas personas que sufren de depresión; algunas de estas, en consecuencia, no comen o comen poco. A veces quienes están cerca de estas personas dicen cosas de este estilo: debes comer más… o cosas similares. Ahora bien, es cierto que no comer es un problema pero es todavía más cierto que la raíz del problema de aquellas personas no está en el comer sino en otro lado: el no comer es una consecuencia.
A veces me parece que ocurre lo mismo con la música litúrgica: se combate a golpes de artículos de la Sacrosanctum Concilium, pero yo creo que estos artículos son bien conocidos por las diversas facciones; el problema está en otra parte. Ciertamente es necesario conocer estos artículos y estar bien informados sobre ellos, son una ley que informa la acción litúrgica; pero ¿vosotros diríais que los muchachos que salen a robar lo hacen porque no conocen la ley? Ciertamente saben que robar es delito, pero hay todo un conjunto de influencias que provocan que se comporten de ese modo.
Tomemos el discurso de la forma. Ciertamente ésta es una cuestión muy candente: en la tradición de la música litúrgica se privilegian composiciones con una coherencia formal extremadamente cuidada, con cánones bien precisos y verificables. A menudo en el bullicio de la música litúrgica de las últimas décadas tenemos, en cambio, composiciones con una forma frecuentemente aproximativa y simplificada, como si ésta no jugase un rol en la eficacia de las mismas composiciones. Se opone forma y contenido: aún si la forma es aproximativa, lo que importa es el contenido. Estoy leyendo con interés un libro que ha hecho discutir mucho, “La herejía de lo informe” del escritor alemán Martin Mosebach. Ahora no quiero entrar en el mérito del libro, lo que me gusta y lo que no me gusta. Pero hay un pasaje que es interesante citar:
“La filosofía, un vicio alemán, introdujo en los cerebros, incluso los más modestos, la idea de una diferencia entre forma y contenido. Según esta doctrina, los contenidos y las formas pueden ser separados los unos de los otros: lo que define como contenido, la abstracción, el núcleo teórico, constituye para ella la realidad verdadera; los cuerpos, en los cuales corre la sangre, las estructuras accesibles a los sentidos, son por el contrario pura forma, estructuras indistintas intercambiables; quien se interesa por esta forma, queda en lo periférico, en lo accidental – quien, en cambio, a través de la forma, llega hasta las abstracciones eternas alcanza la luz de la verdad. Las formas se han convertido aquí casi en algo indeterminado y, a veces, incluso algo peor; algo no verdadero, ellas son algo falso. Quien toma en serio la forma, se expone al peligro de perderse igualmente en la mentira. Él es el esteta. Él busca la verdad en los lugares equivocados, es decir, en la esfera de la evidencia sensible, y la busca con instrumentos prohibidos, es decir, con sus sentidos, con su gusto, su experiencia y su razón. De esta revuelta intelectual contra la evidencia de las cosas, ha nacido la disposición fundamental de nuestro tiempo: una desconfianza, de la que está llena toda la opinión pública, contra todo tipo de belleza y de perfección” (pp. 113-114).
Y luego el autor continúa explicando cómo esta tendencia se ha impuesto en el arte, influenciando también a la Iglesia católica en el ámbito de la liturgia. He reflexionado mucho sobre esta interesante observación del escritor alemán: no hay duda de que él retrata una situación que se verifica en el tiempo. Pero luego comencé a reflexionar también acerca de si esta tendencia en nuestra sociedad, así como es hoy, puede ser definida sólo de este modo. En este punto comencé a tener algunas dudas. En efecto, me puse a reflexionar sobre algunos ámbitos de la sociedad que son extremadamente populares, como moda, informática y deporte, por ejemplo. ¿Es precisamente cierto que aquí la forma no es considerada como importante? En la moda se mira a la perfección estética a veces en detrimento de la practicidad del vestido. ¿Y en la informática? La Apple ha hecho su fortuna precisamente por la elegancia del diseño y ha impuesto un estilo que tiene relevancia mundial. ¿En el deporte? Si se mira cómo los campeones son de inmediato empleados como símbolo de elegancia y usados para promover productos de todo tipo, especialmente si ellos son físicamente atrayentes. En resumen, ¿es cierto que hay un eclipse de la forma? A veces hay más un eclipse del contenido.
Por lo tanto, esta tendencia denunciada por el escritor alemán debería tal vez ser mejor especificada o inscrita más en un cierto comportamiento profundamente arraigado en la Iglesia católica. Creo que el problema es que a veces la Iglesia católica recurre a modas ya pasadas, como ya fue descrito por importantes intelectuales católicos. La idea de que la espontaneidad es más eficaz que la profesionalidad podía tener un atractivo en un período en que se exaltaba la liberación de los vínculos con la autoridad. ¿Pero hoy? En efecto, éste es el problema. Todavía hoy este viento proveniente de los años sesenta continúa soplando porque alguna ventana ha sido dejada abierta, como sucede en algunas casas abandonadas.
¿Pero por qué ha podido suceder algo así en la Iglesia católica? Yo pienso que hay varias razones. Una es que, en el fondo, a gran parte del clero no le importa la calidad de la música litúrgica en las celebraciones. Esto no porque sean malos, sino porque no son ya formados en apreciar la calidad. En el pasado había una intensa vida también musical en los seminarios, hoy es casi el desierto. Mi impresión, confirmada por más de veinte años de vida musical litúrgica, es que en el fondo no hay interés real en el clero por la música litúrgica, salvo pocas excepciones. Todo está bien, porque no se percibe la diferencia. Y a veces hay oposición a la música hecha de cierto modo no porque estén en contra sino porque no tienen instrumentos para valorarla.
Por lo tanto, se sigue paralizados en esta suerte de mentalidad de los años sesenta, mientras el mundo sigue hacia delante: espontaneidad, espíritu juvenil, antiautoritarismo… ¿por qué la Iglesia sigue aún aferrada a esto? Una razón la he dado anteriormente. Luego, creo que el concilio Vaticano II ha sido, para bien o para mal, una suerte de evento dirimente (y como nos es enseñado por el Papa Benedicto XVI con la hermenéutica de la continuidad, tal vez no debía ser precisamente así). Ciertos escollos, también culturales e históricos, como las revueltas de los años sesenta que entraron también en el ámbito católico, no han sido superadas con todo su bagaje. Luego hay un fenómeno aparentemente contrario: el del clericalismo que también bloquea un efectivo cambio. Si todo es gestionado siempre por el clero y el clero en general no tiene ya formación musical… las consecuencias son fáciles de entender. He aquí el problema con la forma, que no deriva (como espero haber demostrado) de una tendencia social sino de un retraso cultural que está precisamente en el desarrollo reciente de la Iglesia católica y del que todos nos esperamos vernos pronto liberados.
***
Fuente: Zenit (edición en lengua italiana)
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
sexta-feira, 2 de setembro de 2011
“A Missa Latina produz maior fruto espiritual”
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Caio Vinícius
| Cardeal Domenico Bartolucci |
“Estou aqui, Beatíssimo Padre, para agradecer Vossa Santidade pelo forte chamado em favor do uso da música nas hodiernas celebrações da Santa Missa. Estou certo que, ao chamar um músico para ser parte do Colégio dos Cardeais, desejastes que isso fosse um chamado em favor do uso da música sacra na Sagrada Liturgia.
…
“Hoje, pode-se notar um verdadeiro e próprio novo despertar em muitíssimos jovens que desejam reviver a beleza da Missa Latina e o maior fruto espiritual que dela nasce. Isso é um grande, grandioso conforto, e nos faz esperar um futuro litúrgico que vós certamente desejais. Agradecemos ao Senhor, que Ele possa ajudar a todos aqueles que estão trabalhando pela seriedade na música sacra. Confio firmemente que, com a ajuda do Senhor, ocorrerá um verdadeiro retorno à tradição bimilenar da música sacra”.
Como bem notou Rorate-Caeli, o Cardeal se referia à única Missa que já celebrou.
segunda-feira, 20 de junho de 2011
O que diziam os Santos Padres sobre a Música Sacra
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Caio Vinícius
São Pio X (1903-1914): [...]“A música sacra, como parte integrante da Liturgia solene, participa do seu fim geral, que é a glória de Deus e a santificação dos fiéis. A música concorre para aumentar o decoro e esplendor das sagradas cerimônias; e, assim como o seu ofício principal é revestir de adequadas melodias o texto litúrgico proposto à consideração dos fiéis, assim o seu fim próprio é acrescentar mais eficácia ao mesmo texto, a fim de que por tal meio se excitem mais facilmente os fiéis à piedade e se preparem melhor para receber os frutos da graça, próprios da celebração dos sagrados mistérios.
Por isso a música sacra deve possuir, em grau eminente, as qualidades próprias da liturgia, e nomeadamente a santidade e a delicadeza das formas, donde resulta espontaneamente outra característica, a universalidade.
Deve ser santa, e por isso excluir todo o profano não só em si mesma, mas também no modo como é desempenhada pelos executantes.
Deve ser arte verdadeira, não sendo possível que, doutra forma, exerça no ânimo dos ouvintes aquela eficácia que a Igreja se propõe obter ao admitir na sua liturgia a arte dos sons. Mas seja, ao mesmo tempo, universal no sentido de que, embora seja permitido a cada nação admitir nas composições religiosas aquelas formas particulares, que em certo modo constituem o caráter específico da sua música própria, estas devem ser de tal maneira subordinadas aos caracteres gerais da música sacra que ninguém doutra nação, ao ouvi-las, sinta uma impressão desagradável.”[...] (Tra Le Solicitudine - 1903)
Servo de Deus Pio XI (1922-1939): [...] “Aqui é oportuno recordar que por antiga e constante disciplina da Igreja, como também em virtude das mesmas Constituições Capitulares, hoje todavia vigentes, é necessário que todos quantos estejam obrigados ao ofício coral conheçam, ao menos na medida conveniente, o canto gregoriano, ao qual hão de ajustar-se todas as Igrejas, sem exceptuar nenhuma, entenda-se só àquilo que tiver sido restituído à fidelidade dos antigos códices, e já dado pela Igreja como edição autêntica [vaticanis typis].”[...] (Divini Cultus Sanctitatem - 1928)
Venerável Pio XII (1939-1958): [...]“Por isso, deve a Igreja, com toda diligência; providenciar para remover da música sacra, justamente por ser esta a serva da sagrada liturgia, tudo o que destoa do culto divino ou impede os féis de elevarem sua mente a Deus.
E, de fato, nisto consiste a dignidade e a excelsa finalidade da música sacra, a saber, em - por meio das suas belíssimas harmonias e da sua magnificência - trazer decoro e ornamento às vozes quer do sacerdote ofertante, quer do povo cristão que louva o sumo Deus; em elevar os corações dos fiéis a Deus por uma intrínseca virtude sua, em tornar mais vivas e fervorosas as orações litúrgicas da comunidade cristã, para que Deus uno e trino possa ser por todos louvado e invocado com mais intensidade e eficácia. Portanto, por obra da música sacra é aumentada a honra que a Igreja dá a Deus em união com Cristo seu chefe; e, outrossim, é aumentado o fruto que, estimulados pelos sagrados acordes, os fiéis tiram da sagrada liturgia e costumam manifestar por uma conduta de vida dignamente cristã, como mostra a experiência cotidiana e como confirmam muitos testemunhos de escritores antigos e recentes.”[...] (Musicae Sacrae Disciplina - 1955)
Beato João XXIII (1958-1963)[...] “ Igualmente, se por uma parte é necessário promover o canto uníssono dos fiéis- voz unânime e símbolo da única e mesma caridade [...] Para assegurar que as Scholae Cantorum sejam estimadas, e onde chegaram a definhar ou decair, ressurjam a uma nova vida[...] Não será pouco o trabalho, mas mais numerosos serão os frutos que se colherão, à maior glória de Deus e proveito da vida cristã”[...] (Iucunda Laudatio – 1961)
Beato João Paulo II (1978-2005): [...]“Com efeito, a música e o canto não representam um mero decoro ou um ornamento que se sobrepõe à ação litúrgica. Pelo contrário, eles constituem uma realidade unitária com a celebração, consentindo o aprofundamento e a interiorização dos mistérios divinos.”(...) É necessário que o "cantar na liturgia" nasça do "sentire cum Ecclesia". Só assim a união com Deus e a capacidade artística se unem numa feliz síntese em que os dois elementos o canto e o louvor penetram toda a liturgia.[...]” ( Discurso aos membros do Pontifício Instituto de Música Sacra – 2001)
[...] “De fato, as palavras, que tanta importância têm na celebração litúrgica, mais sublinhadas são por meio do canto e assim recebem especial expressão de solenidade, beleza e dignidade, que permitem à assembleia sentir-se de alguma sorte mais próxima da santidade do Mistério mesmo que atua na liturgia. (...) Na atualidade é sumamente necessário que o patrimônio musical da Igreja seja apresentado e desenvolvido não só entre as novas e juvenis Igrejas mas também entre aqueles que tiveram conhecimento dos séculos do canto gregoriano e polifônico em língua latina. Agora, introduzido o costume das línguas vernáculas, vêem que se requerem outras formas idôneas de música na liturgia.” (Carta ao cardeal Höffner – 1980)
Por Caio Vinícius P. Nogueira
terça-feira, 14 de junho de 2011
Música sacra: tesouro da Igreja e da humanidade
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Caio Vinícius
Para comemorar os 100 anos da criação do Pontifício Instituto de Música Sacra de Roma, foi organizado, de 26 de maio a 1º de junho, um congresso internacional sobre música sacra nas duas sedes romanas do instituto. Entre os presentes, estava o cardeal Raffael Farina, diretor da Biblioteca e dos Arquivos Secretos do Vaticano, que concedeu uma entrevista a ZENIT.
ZENIT: O que significa para a Igreja possuir uma grande variedade de partituras?
Cardeal Farina: Significa conservar um patrimônio de arte e de liturgia do culto, junto aos manuscritos mais antigos da Bíblia, à tradição do texto bíblico e do que é parte da tradição da Igreja de Roma, ao lado de outros tantos tesouros da antiguidade clássica e muito mais.
Os livros litúrgicos musicais são muitas vezes enriquecidos por miniaturas suntuosas, nas quais a conotação musical se conjuga com a preciosidade artística das imagens. Conservamos estes tesouros, que são da Igreja, mas também da humanidade.
A música e a arte têm, além disso, uma validez altamente educativa, pois ensinar a apreciar o que o homem produziu de belo durante os séculos significa difundir e promover uma educação capaz de abrir a mente e o coração ao que verdadeiramente vale a pena, ao que enriquece a alma. Significa cultivar sementes importantes e fecundas em um mundo às vezes entristecido por eventos negativos e por enganosos subprodutos.
Em particular, os manuscritos litúrgico-musicais são o testemunho da oração da Igreja através dos séculos, da beleza da liturgia e da universalidade da linguagem que desde sempre une os fiéis, tornando-os partícipes da ação de Deus. Estes tesouros preciosos são conservados não somente na Biblioteca Vaticana, mas também nas basílicas de Santa Maria a Maior, em São João de Latrão e no arquivo da basílica de São Pedro.
Muitos livros chegaram à Biblioteca Vaticana por doações, compra ou depósitos, além da aquisição de exemplares e de coleções completas, o que garantiu, através do tempo, a conservação deste patrimônio, que teria sido perdido devido a várias circunstâncias históricas.
Permite, além disso, uma ampla fruição dos livros por parte dos estudiosos, acolhidos nos ambientes equipados e idôneos para a consulta, além da conservação.
ZENIT: É verdade que a Biblioteca Vaticana está digitalizando seus volumes?
Cardeal Farina: Começamos um projeto que envolve um importante investimento e que ainda não pudemos realizar. À medida em que encontremos patrocinadores dispostos a financiar a empresa, daremos início de maneira sistemática e bem programada.
Digitalizar todos os manuscritos da Biblioteca Vaticana demorará uns 20 anos. O projeto está amplamente ilustrado no site da Biblioteca Vaticana (http://www.vaticanlibrary.va/home.php?pag=in_evidenza_art_00115&BC=12).
ZENIT: Através da história, qual é a constante, o denominador comum da música sacra?
Cardeal Farina: Através das várias épocas e em suas diversas linguagens, a música sacra traduziu a liturgia em melodia, sublinhando os momentos importantes, revelando o mistério do encontro entre Deus – o verdadeiro protagonista da ação litúrgica – e o coração do homem que escuta. A música sacra agrega ao paladar uma ressonância que conduz às profundezas do Mistério.
Além disso, em virtude da universalidade e de tocar as cordas do desejo mais profundo em cada homem (o encontro com Deus), a música sacra tem a capacidade de alcançar e envolver até as pessoas mais distantes, aproximando-as da verdade da Palavra.
A oração se torna canto e o canto se torna oração, para dar glória a Deus, como bem ilustram os Padres (basta pensar em Ambrósio do Agostinho), que individualizaram e expressaram todas as potencialidades do canto litúrgico.
ZENIT: O senhor gostaria de acrescentar mais alguma coisa sobre o congresso?
Cardeal Farina: Iniciativas científicas, como este congresso, com um programa de densas contribuições específicas e especialísticas, além de celebrativas, indicam um concreto avanço da busca, promovem uma confrontação e fazem emergir importantes novidades nos estudos dos manuscritos, como ouvimos nas conferências do primeiro dia.
ZENIT: Quais são os arquivos mais úteis da Biblioteca Vaticana para o estudo dos manuscritos litúrgico-musicais?
Cardeal Farina: Os arquivos da Biblioteca Vaticana que contêm manuscritos litúrgico-musicais são muitos. Basta folhear os catálogos de que dispomos (desde Bannister e Ehrensberger até Salmon e Llorens) para ter uma ideia.
Iniciando com os arquivos da Capela Sistina e da Capela Júlia, onde há obras com canto gregoriano ou música polifônica, usada durante as celebrações solenes: a maior parte é de grande tamanho e ricamente ornamentada (as mais antigas que se conservam são da metade do século XIII).
Estes transmitem obras de célebres compositores que trabalharam no Colégio musical papal através dos séculos (G. Dufay, Carpentras, J. Desprez, C. Festa, G. P. Palestrina, G. Allegri…) e no da Capela Júlia (reorganizada por Júlio II), o primeiro de cujos magister cantorum foi Palestrina; depois os Vaticano musicali, constituídos como fundo autônomo em 1956 (até então, haviam estado unidos aos Vaticani latini); e é preciso recordar ainda Santa Maria a Maior, no Vaticano desde 1931.
Tais manuscritos transmitem a música sacra como testemunho da história da música, na perspectiva daquela universalidade do saber que sempre caracterizou o patrimônio recolhido na Biblioteca dos pontífices.
Esta biblioteca nasceu – vale a pena recordar – como humanística e pronta para acolher textos de diversos âmbitos disciplinares e em todos os idiomas, expressões das diversas civilizações e religiões: do latim ao grego, do hebraico ao árabe, do persa ao turco, do aramaico ao etíope, dos idiomas eslavos ao chinês e japonês.
E sua importância consiste também nessa perspectiva ecumênica e unificadora do saber e da civilização, perspectiva que ainda hoje nos sugere, através do estudo de várias disciplinas – no respeito pela identidade de cada um e com o amor pela cultura -, que o homem pode tornar-se cada vez mais homem e aproximar-se do seu Criador.
Retirado de: Zenit
sábado, 25 de dezembro de 2010
Puer Natus
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Caio Vinícius
1. Puer nátus in Béthlehem, allelúia:
Unde gáudet Jerúsalem, allelúia, allelúia.
In córdis júbilo, Christum nátum adorémus,
Cum nóvo cántico.
2. Assúmpsit cárnem Filius, allelúia,
Déi Pátris altíssimus, allelúia, allelúia.
In córdis...
3. Per Gabriélem núntium, allelúia,
Virgo concépit Filium, allelúia, allelúia.
In córdis...
4. Tamquam spónsus de thálamo, allelúia,
Procéssit Mátris útero, allelúia, allelúia.
In córdis...
5. Hic jácet in praesépio, allelúia,
Qui régnat sine término, allelúia, allelúia.
In córdis...
6. Et Angelus pastóribuis, allelúia,
Revélat quod sit Dóminus, allelúia, allelúia.
In córdis...
7. Réges de Sába véniunt, allelúia,
Aurum, thus, myrrham ófferunt, allelúia, allelúia.
In córdis...
8. Intrántes dómum invicem, allelúia,
Nóvum salútant Principem, allelúia, allelúia.
In córdis...
9. De Mátre nátus Virgine, allelúia,
Qui lúmen est de lúmine, allelúia, allelúia.
In córdis...
10. Sine serpéntis vúlnere, allelúia,
De nóstro vénit sánguine, allelúia, allelúia.
In córdis...
11. In carne nóbis símilis, allelúia,
Peccáto sed dissímilis, allelúia, allelúia.
In córdis...
12. Ut réderet nos hómines, allelúia,
Déo et síbi símiles, allelúia, allelúia.
In córdis...
13. In hoc natáli gáudio, allelúia,
Benedicámus Dómino, allelúia, allelúia.
In córdis...
14. Laudétur sáncta Trínitas, allelúia,
Déo dicámus grátias, allelúia, allelúia.
In córdis...
sábado, 18 de dezembro de 2010
sexta-feira, 10 de dezembro de 2010
Stille Nacht
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Caio Vinícius
Em 24 de dezembro de 1818, a canção “Stille Nacht” (“Noite Feliz”) foi ouvida pela primeira vez na aldeia de Oberndorf (Áustria). Foi na Missa de Galo na minúscula capelinha de São Nicolau.
Estavam presentes o pároco Pe José Mohr, o músico e compositor Franz Xaver Gruber com seu violão, e o pequeno coro da esquecida aldeia. No fim de cada estrofe, o coro repetia os dois últimos versos.
Naquela véspera de Natal nasceu a música que passou a ser como um hino oficial do Natal no mundo todo. Hoje se canta nas capelas dos Andes e no Tibete, ou nas grandes catedrais da Europa.
O Pe. Joseph Mohr, jovem sacerdote, compôs a letra em 1816. Ele estava encarregado da igreja rural de Mariapfarr, Áustria. Seu avô morava perto e é fácil imaginar que ele criou o texto enquanto caminhava para visitar seu ancião parente.
Nenhum evento particular inspirou o Pe. José para escrever a poética canção do nascimento de Jesus.
Em 1817 ele foi transferido para Oberndorf.
Na véspera do Natal de 1818 o Pe. José visitou seu amigo, o professor de música Franz Gruber, que morava num apartamentinho acima da escolinha da vizinha aldeia de Arnsdorf. Mostrou-lhe o poema e pediu-lhe uma melodia para a Missa de Galo daquela noite.
Quando aqueles dois homens acompanhados pelo coro cantavam por vez primeira em pé diante do altarzinho da capela de São Nicolau, o Stille Nacht! Heiligen Nacht! não faziam idéia da repercussão que o fato teria no mundo.
Karl Mauracher, mestre construtor e reparador de órgãos viajou várias vezes a Oberndorf para consertar o órgão. Numa das viagens obteve a partitura e a levou para sua terra. Foi assim, também despretensiosamente, que começou a difusão.
De início, nem tinha nome e era chamada de “canção folclórica tirolesa”.
Duas famílias que viajavam cantando canções populares do vale de Ziller incorporaram a peça a seu repertório e a entoaram em dezembro de 1832 em Leipzig num concerto de música folclórica. A partir de então a difusão progrediu como mancha de azeite.
Por fim, a família Rainer cantou o Stille Nach na presença do imperador da Áustria Francisco I e do czar da Rússia Alexandre I. A canção natalina passou a ser a preferida do rei Frederico Guilherme IV da Prússia.
O Pe. José morreu pobremente na cidadinha de Wagrain, nos Alpes, como pároco. Ele doou todos os seus bens para a educação das crianças.

O inspetor escolar de São Johann, num relatório ao bispo, descreve o Pe. José como um amigo dos fiéis, sempre perto dos pobres e um pai protetor. Seu nome foi esquecido por todos até ser recuperado posteriormente.A família de Franz Xaver Gruber conservou alguns dos humildes móveis do músico e o violão daquela noite abençoada, hoje peça histórica. O túmulo de Franz é decorado com uma árvore de Natal todos os meses de dezembro.
A imagem dos dois co-autores está nos vitralzinhos da capelinha de São Nicolau.
Assim é a riqueza insondável da Igreja: faz nascer no coração dos humildes e despretensiosos frutos de graça, perfeição e beleza que os gênios naturalmente mais dotados do mundo jamais conseguem superar.
Essa é a causa sobrenatural do insondável mistério que faz da Civilização Cristã a obra prima por excelência sobre a face da Terra e o bem supremo dos homens logo abaixo, e só abaixo, da Igreja Católica, Corpo Místico de Nosso Senhor Jesus Cristo, única Igreja verdadeira.
De: Catedrais Medievais
sábado, 4 de dezembro de 2010
Creátor Alme Siderum
Postado por
Caio Vinícius
Creátor álme síderum,
Aetérna lux credéntium,
Jésu, Redémptor ómnium,
Inténde vótis súpplicum.
Qui daémonis ne fráudibus
Períret órbis, ímpetu
Amóris áctus, lánguidi
Múndi medéla fáctus es.
Commúne qui múndi néfas
Ut expiáres, ad crúcem
E Vírginis sacrário
Intácta pródis víctima.
Cújus potéstas glóriæ,
Noménque cum prímum sónat,
Et caélites et ínferi
Treménte curvántur génu.
Te deprecámur, últimæ
Mágnum diéi Júdicem,
Armis supérnæ grátiæ
Defénde nos ab hóstibus.
Vírtus, hónor, laus, glória,
Déo Pátri cum Fílio,
Sáncto simul Paráclito,
In sæculórum saécula.
sexta-feira, 15 de outubro de 2010
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